Que la vida de Batman como vigilante enmascarado en la ciudad de Gotham es una montaña rusa de locura, muerte y lucha sin fin contra el crimen es algo habitual. Aún así, los últimos tiempos han sido especialmente convulsos e interesantes para la dicotomía Bruce Wayme/Batman. Mientras Bruce ha encontrado algo de paz y estabilidad familiar y emocional en la adopción de Tim Drake y en su relación con la modelo y filántropa Jezebel Jet, las noches de Batman se han visto convulsionadas de forma especialmente violenta por una serie de acontecimientos que amenazan con poner su mundo patas arriba y poner fin a su carrera como héroe enmascarado.

La aparición de varios vigilantes disfrazados de Batman pero cuyos métodos expeditivos llegan hasta el extremo de disparar al Joker en la cabeza, la irrupción de Talia en escena con el hijo biológico de Wayne/Batman fruto de una pasada y fugaz relación, y una serie de ominosas señales que apuntan a un futuro particularmen oscuro para el Señor de la Noche se van sucediendo sin descanso. Los salvajes e irracionales actos de sus doppelgänger, la peculiar y difícil relación paternofilial mantenida con Damian, todo un asesino hijo y nieto de dos de las mentes más privilegiadas y de los luchadores más aventajados que el mundo ha conocido y la reaparición del abuelo de la criatura en un desesperado intento por volver a la vida aún a costa de la de su nieto han conducido a Batman hasta su límite físico y psicológico. La mente de Batman, que ha soportado traumas que habrían conducido a la locura a muchos otros y superado situaciones sobrehumanas en las que acción y reacción debían ser casi automáticas, está a punto de romperse en mil pedazos.

Tras un nuevo ataque de los Batman impostores y una experiencia cercana a la muerte, las piezas (las versiones distorsionadas de Batman, sus prácticas de aislamiento y meditación, la inscripción Zur-en-Arrh diseminada por la ciudad en pintadas, el asesinato de Mayhew y la aparición del Club de los Heroes) encajan una a una en su lugar y el puzzle adquiere sentido de forma inexorable. Mientras una banda de malhechores disfrazados con máscaras ridículas siembra el terror en las calles de Gotham y el Joker sabe -como siempre- más de lo que deja traslucir a Batman en crípticas pistas, la Mano Negra lanza su ataque frontal y definitivo contra el Caballero Oscuro y sus aliados. El grupo, organizado y liderado por el doctor Hurt, se descubre como una de las amenazas más letales y perfectas lanzadas contra Batman, no sólo contra sus amigos, su ciudad y su identidad, sino sobre los mecanismos que le convirtieron en el justiciero enmascarado y sobre los recovecos más profundos de la psique de Bruce Wayne.

Cuando Grant Morrison se hizo cargo de la serie Batman en su número 655 los aficionados se debatían entre la euforia por contar con un autor de su valía en el título, el escepticismo de que la imaginación desbordante del escocés y su tendencia a los argumentos lisérgicos encajaran con el personaje y la incertidumbre de si estaríamos ante un bluff publicitario o un acercamiento al mainstream similar al producido en la serie X-Men en la que las historias de Morrison se domesticaban para llegar al público objetivo habitual de los comics de super-héroes. Opiniones hay para todos los gustos, pero yo encuentro esta etapa próxima a finalizar su edición en España (tan sólo faltan los números 682-683 y el clímax de Final Crisis) una de las más interesantes que ha habido en la colección del Hombre Murciélago y un más que digno colofón a esos dos años de andadura en los que a Grant Morrison se le ha dado carta blanca para tratar al personaje como mejor le ha parecido.

Sabido es que Morrison profesa veneración por los comics de la Edad de Plata, y ha dejado buena muestra de ello tanto en sus etapas en Animal Man (donde ya ensayó unas peculiares Crisis y criticó amargamente la deriva del dark and gritty noventero) y en la JLA, donde devolvía al título la grandeza épica, la formación estelar y los conceptos más grandes que la vida, como en algunos de sus títulos de ci-fi para la línea Vertigo en los que lo campy se muestra de una forma especialmente distorsionada y cruel, caso de Sea Guy. Precisamente será en la JLA donde encontremos el segundo acercamiento a Batman tras la primigenia y oscura Arkham Asylum, que ya suponía un peculiar descenso al Corazón de las Tinieblas habitado por Batman y sus némesis. El Batman de Morrison resultaba amenazador, letal en sus tácticas de combate y el tipo más inteligente del Universo, llegando a hacer sombra a dioses del Cuarto Mundo o a alienígenas de toda clase y condición. No está de más reivindicar, ahora que existe un integral con toda su etapa, que su periplo en esa colección es una maravilla épica repleta de aventuras imposibles y conceptos de una imaginación desbordante que, por si fuera poco, hundían sus raíces en un conocimiento íntimo de los personajes y de su continuidad. Para no extenderme, el amor de Morrison por una etapa en la que primaba la imaginación, el sentido de la maravilla y la convicción de estar narrando las mejores historias de la mejor manera posible se condensan en el reciente, enorme, perfecto All Star Superman, que extrae la esencia del Hombre de Acero y la depura hasta límites insospechados concibiendo la historia definitiva del personaje.

Su etapa en Batman resulta opuesta a la del All Star Superman, no en intención -llegar a la esencia última del personaje-, sino en planteamiento. Mientras que allí busca un Superman atemporal que reúna lo mejor de todas sus encarnaciones, los secundarios más interesantes y las tramas más espectaculares posibles, en la colección regular de Batman hemos asistido al proceso inverso: la aceptación de todas y cada una de las etapas históricas del personaje a nivel editorial en una misma persona, en un mismo universo, en el que conviven duendecillos de la quinta dimensión y alienígenas con encarnaciones oscuras y psicóticas del justiciero. A través de un viaje al fondo de la mente de Bruce Wayne todos esos elementos encuentran cabida en un mismo mundo, en una misma continuidad, y de ese modo, integrándolo todo, se deja al personaje preparado para afrontar su incierto futuro...

Pero como estamos hablando de una saga llamada Batman: RIP, ese futuro no resulta demasiado halagüeño, y pese a lo engañoso finalmente del título Bruce Wayne afronta su destino final en esta saga y en Batman Last Rites. Tuve ocasión de leer hace ya casi un año Crisis Final, y estoy esperando a ver terminada la edición española para dejar por aquí unas líneas sobre la saga -ya os avanzo que oscilan entre el elogio contenido y la loa desatada, pero es el efecto que produce en mí el viejo Grant-, por lo que ya iba sobre aviso de lo que sucedía o podía suceder en esta saga, y a pesar de todo he disfrutado enormemente de un tebeo tenso, emocionante, con las justas dosis de acción y espectáculo y que, por encima de todo, hace hincapié en lo que muchos disfrutamos y preferimos del personaje por encima de otros: la inteligencia y la fuerza de voluntad. Podría empezar a enumerar adjetivos que ensalcen el Batman morrisoniano, pero resultaría repetitivo y superfluo. Baste decir que la depuración de las habilidades lógicas, deductivas e intuitivas del personaje van un paso más allá de lo que estamos habituados a leer en un tebeo de pijamas habitualmente, y se agradece.

El punto más flojo de esta historia es la elección de Tony Daniel como dibujante, y decir eso no es tanto un demérito para el artista como señalar una obviedad. Si Morrison hubiese podido contar con Andy Kubert o con J. H. Williams para estos números habríamos podido hablar de una de las grandes historias del Hombre Murciélago, pero la presencia del funcional Tony Daniel y su narrativa a la Image lastran en cierta medida el desarrollo de una historia que habría encontrado en Frank Quitely su perfecto narrador. Lamentablemente, una serie regular requiere rapidez y no permite mimar el producto lo suficiente, por lo que se recurre a dibujantes como Daniel, cumplidores y aparentes. A pesar de todo, ni de lejos me parece Daniel el dibujante infecto que muchos quieren hacer ver, con nulas dotes narrativas. Me parece mucho más legible en conjunto esta historia que el despropósito del All Star Batman & Robin, por mucho Jim Lee que se encargara de los lápices, y el mérito del guión compensa lo correcto del dibujo con creces. En suma, y para mí, un tebeo de Batman que ningún seguidor del personaje debería perderse y un tebeo de super-héroes que da sopas con honda al 80% de todos los tebeos pijameros que se han publicado este mes, con permiso de Geoff Johns, Mark Millar, Peter David y Ed Brubaker.