Infestation: Menos asquerosa de lo crees, más divertida de lo que piensas

Cooper (Chris Marquette) es un tipo al que la vida le ha colocado siempre en el lugar equivocado en el momento equivocado. Inteligente, sensible, cínico y con un peculiar sentido de la responsabilidad se ha visto obligado a dejar el empleo de sus sueños -camarero de una cantina mexicana- para aceptar un trabajo a instancias de su padre (Ray Wise) como teleoperador. Sin motivación alguna, y con nulas dotes de trato con el cliente, la mayor aportación de Cooper a su empresa ha sido la de implantar un peculiar juego de despiste entre compañeros consistente en llamar a un colega de trabajo para luego hacer como si nada y dejar al mismo en un estado a medio camino entre la confusión, la irritación y las ganas de venganza. No es de extrañar que su supervisora tenga intención de despedirlo, pero una vez más, el destino en forma de estridente sonido que provoca el desvanecimiento de ambos, se cruza en el camino de Cooper.


Tras un lapso indeterminado de tiempo Cooper despierta en la oficina envuelto por un capullo de tejido blanco, con señales en el rostro de haber sido succionado por algo y vomitando un líquido blanco con el que ha sido alimentado por algo o alguien. Sin tiempo para asimilar su situación y la del resto de sus compañeros -igualmente envueltos en capullos similares al suyo- un escarabajo de tamaño desproporcionado le ataca, entablándose allí mismo una lucha a muerte con el monstruoso insecto. Escapando con vida por los pelos, Cooper despierta a alguno de sus compañeros y trata de encontrar sentido a una situación que parece extenderse al resto de la ciudad.


Acompañado por un variopinto grupo de extraños con los que se cruza evitando a los bichos Cooper intentará sobrevivir en un mundo en el que el hombre ha dejado de ser la especie dominante y una especie de bichos mutados de gran tamaño ocupan la cúspide de la pirámide alimenticia. Junto a él buscarán una salida Sara (Brooke Nevin), hija de la supervisora, resuelta y llena de recursos; Cindy (Kinsey Packard) la mujer del tiempo del canal local acostumbrada a pensar poco y seducir mucho; Albert (Wesley Thompson) y Hugo (E. Quincy Sloan), un conserje y su hijo sordomudo y Leechee (Linda Park), una enfermera asiática que intentará despertar a otros como ellos para hacer frente a cucarachas, moscas y demás bichos que se pongan por delante. Las divisiones internas, la desconfianza de otros supervivientes y las desagradables sorpresas que los bichos proporcionan colocarán a Cooper y a sus compañeros al borde de la extinción a lo largo de los dos días más aterradores de sus vidas...


Infestation es una película de serie B de toda la vida, un film de género -en este caso el fantástico con ribetes de comedia- rodado con escaso presupuesto, un par de nombres reconocibles en el reparto (Wise, Marquette), la cantidad justa de talento y la suficiente desvergüenza como para intentar llegar a un público concreto, capaz de disfrutar de este tipo de producciones repletas de monstruos, mutaciones, tipos caraduras y heroínas de... peli de serie B. El artífice de Infestation no es otro que Kyle Rankin, un joven director que se ha venido desenvolviendo entre las comedias de bajo presupuesto (The Battle of Shaker Heights, Insex) y las producciones de terror destinadas a internet (Hellholes) que con esta película intentaba hacerse un hueco en el mercado de cine de terror. Rodada en Bulgaria en el año 2007, la película ha sido editada en dvd este año y ha recibido una acogida aceptable entre los conneisseurs del género de terror, que han disfrutado de  su historia simple pero bien desarrollada, sus criaturas generadas por ordenador con aceptables resultados, sus personajes simpáticos y, por una vez, no simplemente irritantes o carne de cañón para escenas gore de difícil digestión.


Todo ello hace que Infestation, pese a lo que su título y avance podrían sugerir, sea una película sumamente disfrutable en la misma línea que otras producciones del mismo género y espíritu como Temblores o Arach Atach, en las que unos bichos amenazaban sendas comunidades rurales -aquí una simple panda de desgraciados unidos por las circunstancias- y los protagonistas se veían obligados a hacer de tripas corazón y enfrentarse a la amenaza con grandes dosis de inconsciente resolución y toneladas de humor. Afortunadamente para el espectador Infestation rehuye el dramatismo de la situación o el gore desatado que podría permitir la trama (algo en lo que por ejemplo sí incidía la saga Feast, de la que espero ver próximamente su culminación) y gracias principalmente a los personajes de Marquette (visto y disfrutado recientemente en Fanboys) y Wise (el padre de Laura Palmer en Twin Peaks que recientemente demostró una notable bis cómica en la serie Reaper), padre e hijo en la ficción, ofrece una mirada jocosa al apocalipsis momentáneo de la humanidad a manos de unos insectos mutados y un más que peculiar equipo de antihéroes de acción preocupados por un caniche perdido o capaces de ponerse a practicar el juego del despiste en el momento de máximo peligro.


Película ideal para cualquiera de las frías tardes invernales que se avecinan, Infestation les hará torcer el gesto en un par de momentos, les entretendrá durante sus escasos y bien aprovechados noventa minutos de metraje y lo que es más importante, les hará sonreir prácticamente en todo momento, cuando no soltar una carcajada oportuna, ante alguno de los afortunados gags que encaja en esta afortunada peripecia de terror monstruoso con bichos mutados. Con películas como esta uno se plantea el motivo por el que las productoras siguen desembolsando cientos de millones de dólares para rodar una película cuando lo único que de verdad hace falta es la pizca justa de talento, la necesaria dosis de poca vergüenza -cómplice con el espectador harto de dramatismo y solemnidad- y la agradecida presencia de un sano sentido del humor balsámico. Siempre he sabido que yo sería el perfecto alivio cómico de una B-movie, quizá por eso me gusten tanto esta clase de películas...

Sketch-busters CXXXI: Roman Dirge (I)

Pasada la resaca de los monstruos, los disfraces y la ambientación tétrica llega la normalidad más absoluta, y nada mejor para romperla que este simpático sketch dibujado por Roman Dirge durante el Salón del Comic de Barcelona del año 2008. Dirge es sobre todo conocido por sus tebeos protagonizados por Lenore, una peculiar niña muerta inspirada en un poema de Edgar Allan Poe y que parece escapada de una película de Tim Burton cuyas aventuras, teñidas de un humor negro y melancólico, están pobladas por vampiros, brujas o Kitty, la peculiar mascota de Lenore, que no es sino un gatito negro muerto (y que encima no es siempre el mismo, ya que la pobre muchacha tiene cierta tendencia a matar a sus mascotas... y no siempre por accidente). Dado que la sesión de firmas de Roman Dirge, un tipo por lo demás muy cercano y atento para con su público, se celebraba en Norma Comics y allí suelen vetar las hojas en blanco, llevamos un tomo para que lo dedicara. Dirge no sólo realizó la dedicatoria dentro del tomo sino que además hizo este dibujillo de Kitty en una hoja aparta que entró a formar parte de nuestra sección de sketchs protagonizados por o con gato incluido. Ni que decir tiene que nosotros habríamos cuidado a Kitty mucho mejor, pero Lenore también le daba toneladas de cariño. ¡Un cariño de muerte! 



Lunes bajo presión

Como comprobarán por la tardía hora de publicación de este breve post, el comienzo de mes se me ha echado encima de la peor manera posible, con un cansancio físico acumulado considerable, las reservas de energía bajo mínimos y las exigencias laborales rozando máximos históricos en un entorno además de incertidumbre y presión. No me quejo demasiado, porque es curro a fin de cuentas, pero desde luego que servidor tiene las tuercas todo lo apretadas que pueden estar y mucho me temo que el hartazgo que supone pasarse toda la jornada frente al ordenador lo acabe pagando el blog al necesitar uno despejarse y cambiar el chip después de pelear con el fotochó durante siete horas diarias.


No es el lunes lo único que se me ha echado encima, y el sábado finalmente desistí de subir las habituales fotos de Halloween en "tiempo real" como había avanzado al comienzo de la semana. Para compensar, e ilustrando estas líneas, tienen ustedes un par de instantáneas de cómo estaba decorada la casa en la pequeña fiesta de Halloween que celebramos el sábado pasado y que tiene algo de culpa en esa pérdida ya alarmante de energía vital.


Me permitirán que haga mutis por el foro virtual dejándoles con una canción clásica de las fiestas de Halloween y un video más que divertido que reúne décadas de escalofríos, gomaespuma y carcajadas -voluntarias o involuntarias- al ritmo de Bobby "Boris" Picket y sus pateadores de tumbas.... Buf, a ver si esta semana tengo mucho cuidado ahí fuera...

Monster Mash
Bobby "Boris" Pickett and the Crypt-Kickers

I was working in the lab late one night
When my eyes beheld an eerie sight
For my monster from his slab began to rise
And suddenly to my surprise


He did the mash
He did the monster mash
The monster mash
It was a graveyard smash
He did the mash
It caught on in a flash
He did the mash
He did the monster mash


From my laboratory in the castle east
To the master bedroom where the vampires feast
The ghouls all came from their humble abodes
To get a jolt from my electrodes


They did the mash
They did the monster mash
The monster mash
It was a graveyard smash
They did the mash
It caught on in a flash
They did the mash
They did the monster mash


The zombies were having fun
The party had just begun
The guests included Wolf Man
Dracula and his son


The scene was rockin', all were digging the sounds
Igor on chains, backed by his baying hounds
The coffin-bangers were about to arrive
With their vocal group, "The Crypt-Kicker Five"


They played the mash
They played the monster mash
The monster mash
It was a graveyard smash
They played the mash
It caught on in a flash
They played the mash
They played the monster mash


Out from his coffin, Drac's voice did ring
Seems he was troubled by just one thing
He opened the lid and shook his fist
And said, "Whatever happened to my Transylvania twist?"


It's now the mash
It's now the monster mash
The monster mash
And it's a graveyard smash
It's now the mash
It's caught on in a flash
It's now the mash
It's now the monster mash


Now everything's cool, Drac's a part of the band
And my monster mash is the hit of the land
For you, the living, this mash was meant too
When you get to my door, tell them Boris sent you


Then you can mash
Then you can monster mash
The monster mash
And do my graveyard smash
Then you can mash
You'll catch on in a flash
Then you can mash
Then you can monster mash

Commissionando personalmente: Greg Kirkpatrick (y III))

En esta sección ya han aparecido dos de las commissions que este dibujante realizara para mí tiempo atrás, la recreación personalizada de un poster de Starman originalmente dibujado por Tony Harris y una ilustración homenaje a la historia de Astro City "Cerca de ti" que capta la esencia de la misma y se acerca al peculiar estilo de Brent Anderson. En realidad esos fueron los últimos encargos que realicé al dibujante, un tipo profesional y cumplidor tanto en plazos de entrega como en envío rápido y bien protegido. Nunca antes había pedido una recreación, pese a ser muchos los dibujantes que se dedican exclusivamente a ello, moviéndose en un ya de por sí ambiguo campo como el de las commissions -en el que se cobra por recrear personajes cuyos derechos pertenecen a sus respectivas editoriales-. Decidí probar y en aquel momento me debatí entre las cientos de portadas que habían significado algo para mí a lo largo de mis años de lector. ¿Qué momento me gustaría recordar? ¿Qué tebeo querría conservar en mi galería de commissions por encima del resto? Curiosamente, la elección fue la de un tebeo que no leí en su momento y que físicamente no estuvo en mi colección hasta casi tres lustros después de ser editado en España, el número 8 de Crisis en Tierras Infinitas en el que Barry Allen sacrificaba heroicamente su vida para detener el rayo con el que el Anti-Monitor buscaba aniquilar la creación. Lo que sí tenía claro y se lo transmití al dibujante, era que no quería un calco de la portada de Pérez, sino una reinterpretación que siendo fiel al propio estilo de Kirkpatrick homenajeara y recordara a la del maestro Pérez, aunque me parezca legítimo buscar en estos casos el mayor grado de semajanza posible respecto del original "copiado" y es algo que no descarto en un futuro intentar con otras piezas y otros autores.
El peso emocional de ese tebeo, las posibilidades argumentales que abrió y peso de la herencia que recayó sobre Flash III (Wally West), que adoptaría el manto de su mentor unos números después, han sido uno de los puntales que cimentaron mi devoción por el tebeo americano paso a paso, algo a lo que contribuyeron enormemente guionistas como Mike Baron, William Messner-Loebs, Mark Waid o Geoff Johns y que remataron dibujantes como Jackson Guice, Greg LaRocque, Mike Wieringo, Óscar Jiménez, Pop Mahn o Scott Kollins. Todo el amor y la devoción que siento por el personaje está sintetizado en esa portada, el final más congruente y espectacular posible para un personaje coherente consigo mismo hasta las últimas consecuencias y el punto de partida para un futuro prometedor que tuve la suerte, ahí sí, de vivir más o menos a tiempo real, o por lo menos todo lo que su publicación en España y el Previews me permitieron. Ahora andan en los USA publicando un tebeo llamado Flash: Rebirth que podría alterar la permanencia de una de las muertes de personaje de ficción más recordadas por los aficionados. Miedo me da...

Distrito 9: Pateras del espacio

En el año 1982 una gigantesca nave espacial se estableció sobre la ciudad de Johannesburgo. Aparentemente averiada tras perder uno de sus módulos la mole flotante quedó allí sin dar señal alguna de vida hasta que las autoridades realizaron una incursión en su interior, donde cientos de miles de criaturas permanecían hacinadas y hambrientas en su interior. Las criaturas, dotadas de escasa inteligencia y comportamiento similar al de las hormigas obreras, carecían de liderazgo o de la habilidad para solucionar su difícil situación. Las autoridades sudafricanas decidieron agrupar a la población alienígena en un sector concreto de los arrabales de Johannesburgo, al que denominaron Distrito 9, para poder mantener la situación bajo una mínima ilusión de control.


Casi tres décadas después, la situación ha empeorado ostensiblemente, y el gobierno encarga a la corporación MNU que recoloque a la población extraterrestre en un nuevo campamento, el distrito 10, situado a doscientos kilómetros de la ciudad. Esperan así alejar a unos alienígenas que se comportan como carroñeros y roban toda clase de basura y objetos llamativos a los desprevenidos humanos que se cruzan en su camino. Además, gracias a la insana afición de los bichos por la comida para gatos, una cruel y expeditiva banda nigeriana está comerciando con ellos, cambiando armas -inútiles a menos que sean disparadas por los propios bichos- por latas de comida y controlando todo el crimen del distrito 9, desde el contrabando hasta la prostitución.


A ese polvorín acude el funcionario de la MNU Wikus Van de Merwe (Sharlto Copley) en el día señalado para el desahucio de la población alienígena, junto con un nutrido grupo de mercenarios experimentados al mando del coronel Koobus (David James). Les acompaña un equipo de televisión que grabará todo lo que suceda, dejando constancia de una maquinaria funcionarial desalmada que maneja a los extraterrestres como si fueran carne de cañón y que es totalmente insensible a las desgracias o necesidades del otro colectivo. Sólo un bicho, identificado como Christopher Johnson, mostrará algo de inteligencia cuando intentan desalojarle de su chabola, un bicho que ha sintetizado ese mismo día una sustancia que llevaba buscando durante décadas y que podría cambiarlo todo.


El destino pondrá a Wikus bajo las ruedas de los caballos de la MNU, será perseguido por las autoridades, hostigado por Koobus, y obligado a refugiarse en el Distrito 9, donde por primera vez en veinte años existe una posibilidad real de que cambien las cosas, aunque sea a costa de la sangre y el sudor de los bichos y humanos que se vean envueltos en un peculiar día de furia y de la destrucción del infame ghetto en el que el pueblo bicho se ha visto obligado a sobrevivir durante cerca de 30 años.



La génesis de Distrito 9 está en el corto Alive in Joburg (2005), dirigido por Neil Blomkamp, en el que un equipo de investigación visitaba un arrabal chabolista en Joburgo en el que las autoridades mantenían a un grupo de extraterrestres. El paralelismo entre esa situación y la tragedia del Apartheid vivido en Sudáfrica durante décadas resultaba manifiesta, mezclando un tratamiento de género con una idea valiente e incómoda que remitía al suceso real de la reubicación de 60.000 personas de color de una zona designada para uso exclusivo de la población blanca. La factura del corto llamó la atención de Peter Jackson, que ejerciendo como productor del proyecto aportó los 30 millones de dólares necesarios para que Neill Blomkamp rodara un largometraje partiendo de esa premisa.



La película se inicia como un falso documental sobre el Distrito 9 y poco a poco se nos va dando la impresión a través de testimonios de científicos e historiadores de que vamos a ver algo significativo, algo más que una simple evacuación de prisioneros. Alusiones a la "traición" de Wikus o a sus "actos inexplicables" contratan con el retrato de un funcionario engreído y pusilánime que debe su puesto al matrimonio con la hija del presidente de la MNU y al que la situación le viene grande desde el primer momento. La cámara del documental se introduce en el ghetto y durante unos largos minutos estamos viendo un crudo reportaje de Documentos TV sobre la difícil vida en un campamento de refugiados que se debaten entre la insensibilidad de los que les acogen y la crueldad de los que les oprimen y extorsionan. No deja de ser curioso que la única analogía establecida con el film haya sido el Apartheid -felizmente desaparecido desde hace casi dos décadas- cuando las referencias a población desplazada, refugiada o emigrante son igualmente apropiadas y sangrantes, máxime en estos tiempos en que hay campamentos con decenas de miles de refugiados en demasiados países del mundo.



Pero poco a poco ese tratamiento naturalista de la situación y el acercamiento cámara en mano a los protagonistas va dejando paso a un argumento de género más o menos clásico y a una película de ciencia ficción al uso en la que la cámara se estabiliza, la planificación de las escenas se vuelve cada vez más elaborada y el espectáculo se apodera de la pantalla, aunque nunca en detrimento de un mensaje de fondo verdaderamente desolador. Pese a un mínimo atisbo de poesía en su final, Distrito 9 no pierde ni un ápice de crudeza en su retrato de la ambición humana, de los mecanismos corporativos de las multinacionales del armamento y de los no menos salvajes métodos de los señores de la guerra que ejercen ese mismo mercadeo a un nivel más loca.



Para que tanta miseria humana nos llegue como espectadores pero no nos afecte excesívamente -al fin y al cabo es una película de ciencia ficción con abundantes escenas de acción y no pocas dosis de gore cuyo único propósito es entretener- resulta fundamental la labor del protagonista, Sharlto Copley, que podría interpretar perfectamente a un personaje de The Office metido en Dos policías rebeldes, que grita ante la injusticia, que mantiene un fondo de dignidad -mínima, bien es cierto, pero dignidad- a lo largo de todo el metraje, y que evoluciona de una forma aterradoramente realista a lo largo de la historia en virtud a sus propias miserias y errores y a su contacto con el bicho Christopher Johnson, con el que formará una peculiar alianza repleta de encuentros y desencuentros con vistas a lograr un objetivo que les beneficie a ambos.



Para terminar, me gustaría resaltar las similitudes en contenido de Distrito 9 con esa otra peliculita de ciencia ficción de bajo presupuesto que vi recientemente, Moon, y es que aunque parezca mentira ambas están protagonizadas por empleados de una multinacional, funcionarios al servicio de empresarios sin alma y aficionados al empleo de métodos poco éticos y expeditivos a la hora de maximizar beneficios. Igualmente sus protagonistas acaban afrontando un dilema moral tan antiguo como el hombre, el de sobreponer los problemas de otro a los propios y ofrecerlo todo con tal de ayudar al prójimo. El ruido y la furia, o la soledad y el aislamiento, dos caras de una misma moneda, la del hombre capaz de darlo todo por algo que ni siquiera puede llamar amigo, por algo que existe en el interior de todos nosotros, una suerte de imperativo categórico moral que nos induce a hacer lo correcto. Tanto Wikus como Sam nos remiten en sus respectivos laberintos emocionales a las palabras de un ilustre alienígena con cara de Jeff Bridges que venía a decir que lo que más le gustaba de los humanos, era que sacaban lo mejor de sí mismos cuando peor estaban las cosas. Lo triste es que si eso fuera cierto al cien por cien viviríamos en un mundo mejor que este. En cualquier caso, si no han encontrado tiempo para ver Distrito 9, no dejen de recuperarla en un pase doméstico, porque merece muy mucho la pena. Aunque exploten cuerpos y salgan decenas de criaturas que parecen grillos gigantes y el protagonista se llame Wikus.

Resucitando un lunes

De fines de semana como el pasado líbrenos Crom. Un desafortunado incidente culinario con un cocido de cuyos ingredientes servidor respondía personalmente, excepto del embutido proporcionado por mis suegros, nos tuvo a miss Sparks y a mí completamente fuera de combate durante el sábado y el domingo. Siendo además este sábado un día propicio para los hijos de la noche, al alargarse la hora de cierre de los bares debido al cambio horario, el sentimiento de haber perdido de mala manera el tiempo y la salud es doble. Tiene gracia que uno se encuentre perfectamente recuperado y listo el lunes a primera hora para afrontar la semana laboral que se presenta frente a él después de haber perdido el efímero descanso que supone el fin de semana, pero eso son los riesgos del trabajador más o menos responsable... Ejem.

Por lo demás, obligado por esa indisposición que me llevó como a geisha por arrozal y que me dejó para el arrastre, no tuve ánimo de escribir la entrada que había reservado para el fin de semana, una reseña a otra pequeña joya del cine de ciencia ficción que respira serie B por los cuatro costados y que me gustó tanto como la comentada hace un par de semanas Moon. Queda por tanto pendiente esa reseña junto a algunas secciones habituales de este vuestro blog, como un sketch de colección, una commission personal que además me servirá para comentar un tema bastante polémico en el mundillo del coleccionismo de originales, y espero poder compartir con vosotros casi en tiempo real el próximo sábado la decoración à la Halloween de la cueva de Sparks y Plissken.

Antes de acabar la habitual entrada de cada lunes, me gustaría recomendaros que visitarais el blog dedicado al coleccionismo de originales de Carlos Pujol. En él, Carlos ha venido realizando un exhaustivo repaso de las colecciones de algunos de los miembros del foro Originals Fans, colecciones que van desde lo excelso a lo normal, que es donde un servidor se encuentra. Aunque a lo largo del último año la dichosa crisis ha reducido mis adquisiciones al mínimo, no deja de agradecerse un repaso por mis originales, commissions y sketchs de convención desde el cariño y la admiración de otro colega coleccionista. No dejéis de pasaros por su blog Mi colección de comic art para poder apreciar el nivel de los coleccionistas de arte original que hay en España, así como la variedad, cantidad y calidad de muchos de los originales que Carlos ha ido atesorando en su colección personal y mostrando en las colecciones de algunos de los compañeros del foro de originales.

Ya termino la entrada con la habitual canción, que en una semana como esta no puede dejar de hacer referencia a la fiesta -importada, pero divertida, pero importada, YA, pero DIVERTIDA- de Halloween que muchos celebraremos en nuestros hogares el próximo sábado para luego acercarnos al cementerio a visitar a nuestros familiares y seres queridos al día siguiente en la más tradicional y española fiesta de Todos los Santos. Quitando el aire tétrico y fúnebre al asunto, celebremoslo con esta canción del grupo Zombina and the Skeletones, banda de Liverpool formada por Zombina, Kyle K'Thulu, Doc Horror, Ben Digo y X-Ray Speck que saquea a gusto y sin complejo alguno el imaginario de la serie B fantástica en canciones pegadizas y divertidas, ideales para una fiesta de Halloween como la que se avecina.




Zombie Hop
Zombina and the Skeletones

In a demon dragster hittin' warp speed ten,
Emissions nocturne as I meet a dead end,
Through a hill o' beans to an early groove,
To the zombie hop where I can shake my shoes.

Yeah, you gotta swing it right,
At the zombie hop tonight,
Beelzebub and Mickey Devil wait inside for me.

I caught a zeroplane to voodootown,
Some chicken beads to chilli down,
Bleeding eyes make a red u-bend,
Situation me no comprehend.

Yeah you gotta swing it right...
Yeah you gotta swing it at the zombie hop tonight,
At the zombie hop tonight now baby,
yeah, wo-o-o-oah!

Superglue for my broken dreams,
Runnin' and cryin' 'til it's past our means,
Is there a doctor in this house?
Apes in space and stepping out.

Nightmare Alley: El callejón de las almas perdidas

Stanton Carlisle es un tipo ambicioso y espabilado que forma parte de la compañía de fenómenos ambulante Ten-O-One. En ese mundillo cerrado y regido por sus propias reglas, muchas de ellas al margen de la sociedad, y destinadas a preservar el estilo de vida del feriante a costa de la credulidad de los habitantes de las ciudades y pueblos que visitan, Carlisle trabaja como ayudante de Madame Zeena, una adivinadora que ha depurado muchos de los trucos de su maestro hasta ser considerada una de las mejores del negocio. Nada de mágico ni de sobrenatural esconde Zeena bajo su turbante, sólo un abrumador montaje y un complejo código para transmitir mensajes desde la audiencia sin que esta se percate de que Madame Zeena no lee sus mentes ni adivina su porvenir.


En el Ten-O-One se encuentran junto a Zeena y Stanton un variopinto grupo de fenómenos de circo que van desde lo curioso hasta lo aberrante. Un forzudo alemán, una bella muchacha que recibe descargas eléctricas ataviada con ropa interior metálica, un marinero tatuado, un acróbata tullido excepcionalmente fuerte, un enano con malas pulgas... Todos ellos despiertan la admiración, el asombro y el miedo en los lugares donde actúan, pero uno de ellos resulta asqueroso y fascinante por encima de todos ellos, el Monstruo, un despojo humano que vive entre sus propios excrementos y se alimenta de carne cruda y sangre de gallina. Cada día en el circo de monstruos de feria de Ackerman-Zorbaugh es una lucha intensa por mantener la propia humanidad y dignidad humana en un entorno tan dado a la burla brutal, a la deshumanización y a ver a los semejantes como monstruos o como "primos" a desplumar, dependiendo de qué lado del escenario se esté contemplando tan peculiar espectáculo a medio camino entre lo trágico y lo grotesco.


Endogamia, miedo al mundo exterior, secretos guardados celosamente para no revelar los trucos del oficio, extrañas relaciones entre los componentes de tan heterogénea troupe... En ese ambiente Stanton pronto dará rienda suelta a su desmedida ambición y a su incapacidad para empatizar con sus congéneres. Primero a partir de su complicada relación con Zeena y más tarde como mentalista de éxito acompañado de la hermosa Mary, el gran Carlisle alcanzará el sueño del éxito con la permanente sombra de sus pesadillas más oscuras atormentando su alma, unas pesadillas en las que es perseguido de forma inmisericorde por callejones sombríos de los que no hay escapatoria.


El callejón de las almas perdidas fue escrita por William Lindsay Gresham en 1946, tras largos años de vivir rodeado de charlatanes, adivinadores y fenómenos de feria. Dotada de una gran carga naturalista y mostrando claramente retazos del pensamiento izquierdista de Gresham, la novela gozó de notable éxito en el momento de su publicación, algo que llamó la atención de la industria del cine y más concretamente del actor Tyrone Power. Que una estrella consagrada mostrase tal interés en interpretar a un tipo amoral, arribista y totalmente negativo como Carlisle da una idea de la fuerza del personaje y de las posibilidades que ofrecía para alguien que buscaba verdaderos retos interpretativos.


Seis décadas después, y tras un infructuoso intento previo de adaptar esa poderosa y tremebunda historia al comic, el artista independiente Spain Rodriguez hace suyo el proyecto y decide adaptar él mismo el material original e ilustrar su propio guión. A lo largo de siete años Rodriguez alternó el trabajo en esta negrísima novela gráfica junto con otros proyectos, hasta que finalmente y gracias a la editorial Phantagraphics, Nightmare Alley vio la luz en la forma de novela gráfica. El acercamiento de Rodriguez al material original viene facilitado, además de por la calidad del mismo, por las similitudes entre las obras de Gresham y Rodriguez, con un pensamiento cercano a la izquierda más combativa y con un conocimiento de primera mano de las miserias humanas y de la capacidad innata del hombre para el mal y la degradación (Gresham por sus contactos en el mundo de la feria y Spain por haber vivido como miembro de una banda de moteros).

La novela gráfica relata con todo lujo de detalles el ascenso y caída de Stanton Carlisle, sin hurtar los detalles positivos que humanizan al personaje o provocan conmiseración en el lector y sin maximizar los delitos o faltas que comete a lo largo de sus años como feriante, mentalista de vodevil o espiritista. A través de extensos diálogos, que en muchos casos parecen remitir al original novelesco, o de gráficas descripciones del funcionamiento de los números o de la vida en la feria, Rodriguez dibuja un mundo en que no hay cabida para los grises y los personajes se manejan entre la honestidad y la inocencia o la ambición sin límite y la amoralidad absoluta. Con un dibujo que remite al comic underground, con un dominio naturalista de la figura humana en toda su belleza o fealdad, y con una excepcional habilidad para mostrar la acción desde todos los puntos de vista, las diferentes etapas de la vida de Carlisle se nos muestran de forma aterradoramente clara en una disección en blanco y negro que no esconde un erotismo exacerbado en ciertos pasajes, una brutalidad seca y real en otros y un intento de comprender y acercar al lector/espectador a unos tipos humanos que despertarán la compasión, la simpatía o la repugnancia, llegando al extremo de aglutinar en un mismo personaje muchas de esas sensaciones.


Drakul Ediciones, en su línea Likantro, edita esta novela gráfica en una cuidada edición que incluye un pormenorizado estudio sobre la obra en todas sus manifestaciones artísticas (literatura, cine, comic) firmado por Gary Groth -editor de la revista Comic Journal y cofundador de Fantagraphics-, una reproducción nítida de los recargados dibujos de Rodriguez y una traducción casi literaria que no presenta las erratas o faltas a las que últimamente y por desgracia nos tienen acostumbrados otras editoriales por así decir mayoritarias. Tebeo absolutamente recomendable que he podido leer gracias a la amabilidad de los miembros de Drakul y que desde aquí recomiendo encarecidamente a todos aquellos amantes de los relatos de género negro o a los que en su momento disfrutaron de Freaks o Carnivale, película y serie magistrales cada una en su campo que muestran con sus luces y sus sombras, sus miserias, alegrías y tragedias un mundo que pese a estar dedicado a entretener esconde en su interior mucho dolor, frustraciones y sueños rotos... en el callejón de almas tan perdidas como las que encontrarán aquí.


Nightmare Alley. El callejón de las almas perdidas,
de Spain Rodriguez
Adaptación de la novela de William Lindsay Gresham
Rústica con solapas
Blanco y negro. 136 páginas

Sketch-busters CXXX: Daniel Acuña (II)

Sigo con la tónica mantenida en las últimos entradas de esta sección recuperando todos los sketchs de un mismo dibujante. Resulta curioso que en el caso de Daniel Acuña sólo tenga escaneados los últimos dibujos de artista murciano, mientras que otros más antiguos están todavía durmiendo el sueño de los justos en sus respectivas carpetas. El dibujo pertenece a la misma sesión de firmas del Salón del Comic de Barcelona que el Nightwing conseguido por Miss Sparks. En mi caso me decanté por esta Phantom Lady por diversas razones, además de las obvias -es un personaje cuyo diseño le hace muy espectacular a nivel visual y sensual- por tratarse de uno de los componentes de los Freedom Fighters con los que Acuña acababa de trabajar en una miniserie y porque aún tenía reciente la participación de la Dama Fantasma en el último y trágico acto de las aventuras de Jack Knight en Opal City, donde James Robinson hacía un magistral y ejemplar empleo de personajes semi olvidados (como Phantom Lady o Black Condor) que mantenían el orden de la ciudad en ausencia de su héroe "oficial". El dibujo de Acuña se corresponde con la última encarnación del personaje, que muestra un look más agresivo y moderno gracias a las gafas en las que seguro que no os habréis fijado.

Lunes: alunizando, alucinando

Este ha sido uno de esos fines de semana verdaderamente extraños en los que uno se pone en contacto, sin proponérselo, con viejas compañeras de carrera -y amigas-, con viejos compañeros de curro -y amigos-, participa en una fiesta de aniversario de un bar aportando ambiente con el viejo gag de Joliet Jake Blues y acaba perdiendo poco menos que la consciencia cual adolescente bisoño en cuestiones de bebercio o cual protagonista de Resacón en Las Vegas. A duras penas recuperado pero ya en plena posesión de mis facultades mentales, debo decirles que espero tener una productiva semana en la que compartir con todos ustedes varios posts que considero de su interés. A la habitual e imprescindible ración de arte original se unirá la reseña de un tebeo sobre el que les hablé hace unas semanas y la convocatoria de un premio de comic que puede interesar a alguno de ustedes no sólo por el premio monetario en sí sino por la posibilidad de ver publicada su obra. Semanita por tanto más que interesante en la que les recomiendo que no dejen de pasar por esta su casa virtual.

Para comenzar la semana, pues no se me ocurre otra canción más que esta, perteneciente a los Blues Blothers, repleta de humor tabernario y el mejor reflejo de lo acontecido el pasado viernes en la medida en que mis brumosos recuerdos perfilan una serie de estrambóticas y catastróficas situaciones. Hacía tiempo que no recuperaba el gag de los Blues Brothers -esto es, salir ataviado con camisa blanca, corbata, sombrero y gafas negras y toneladas de actitud-. Resulta curioso cómo los más jóvenes no conocen el modelo primigenio y lo confunden con CQC, pero en fin, es el signo de los tiempos y cualquier película o programa con más de quince años ya es considerado viejo u obsoleto por la muchachada. Creo que pasarán unos cuantos meses hasta que me anime a desempolvar la corbata de nuevo, pero hasta entonces, qué demonios, ¡Hey, Bartender...!


Hey Bartender
Blues Brothers

I went balling the other night
I started drinking and got real tight
I blew each and all my friends
I felt so good I had to blow it again

I said hey bartender
Hey man, looka here
A draw one, draw two, draw three, four glasses of beer

Well I saw a chick sitting on the end
I said baby cant we be friends
Youre looking sweet as you can be
Well come on down and drink with me

I said hey bartender
Hey man looka here
Draw one, draw two, draw three, four glasses of beer
Elwood!

Well we was having so much fun
I didnt know it was half past one
I turned around to have on more
I looked at the clock and it was half past four

Hey bartender
Hey man look a here
A draw one, draw two, draw three, four glasses of beer

Well jukebox girl is everything
All the cats began to sing
I heard somebody called and said
Last round for alcohol

I said hey bartender
Hey bartender
Hey bartender
Hey bartender
Draw one, two, three, four glasses of beer

Moon: Paranoia en el lado oscuro de la luna

En un futuro no demasiado distante, la Luna se ha convertido en fuente de aprovisionamiento energético para la Tierra. Los yacimientos de Helio 3 ofrecen una alta rentabilidad por el bajo coste de recolección y la alta capacidad energética que posee. La empresa Lunar Industries es la encargada de desarrollar esas labores de prospección, y para ello han construído una base en la cara oculta de la Luna. Desde allí, un operario se encarga de recoger los contenedores repletos de Helio 3 que gigantescas máquinas recolectoras van extrayendo de la superficie lunar. Esos contenedores son enviados a la Tierra periódicamente en lanzaderas. El trabajo, monótono, repetitivo y no exento de peligro es desarrollado por ese único operario en turnos de tres años.


En los compases finales de su turno de trabajo encontramos a Sam Bell (Sam Rockwell), a punto de regresar a la Tierra. El aislamiento y la añoranza de su mujer Tess (Dominique McElligott), con la que únicamente puede mantener videoconferencias grabadas en diferido debido a un fallo en el satélite de comunicaciones van sumiendo al trabajador en un estado mental cercano a la confusión y a la paranoia. El único compañero de Sam en la estación lunar Sarang es el computador Gertie (Kevin Spacey), encargado de mantener los sistemas a punto y ayudar en la medida de lo posible a su apoyo humano. A medida que el deterioro físico y mental de Sam se va acentuando conforme se acerca su fecha de partida, la incertidumbre sobre si finalmente podrá regresar a casa y el miedo a no volver a ver a los suyos hacen mella en el trabajador y convierten su situación en algo totalmente inestable e impredecible.


Moon, película rodada con un presupuesto escasísimo (unos cinco millones de dólares), medios de producción tradicionales (maquetas, transparencias) y dos actores sobre los que recae el peso dramático del film (Rockwell y Spacey) supone el triunfal debut como director de Duncan Jones. Hijo de David Bowie, graduado en filosofía y con estudios de dirección de cine en la London Film School, Jones concibe esta historia como una minimalista pieza de ciencia ficción filosófica, concepto que sería desarrollado por el guionista Nathan Parker. Para plasmar una historia tan contenida y centrada en un par de personajes Jones recrea a la antigua usanza un entorno gris y ceniciento, cubriendo de polvo lunar los vehículos de prospección y creando unos interiores inmaculados con abundantes dosis de iluminación blanca. En el centro de todo ello, dos hombres y una máquina.


Seré más vago -por menos concreto, ojo, no por perezoso- de lo usual en esta reseña porque me niego a desvelar el primer gran giro argumental del film, a partir del cual de desarrollará ya toda la película y permitirá plantear no pocas dudas acerca de la identidad del individuo y las características que nos hacen personas humanas a todos y cada uno de nosotros. Sólo resaltaré un par de puntos que me llamaron poderosamente la atención. El primero de ellos es la habilidad de Jones para manejar una historia con tan pocos actores en danza y no caer ni por un momento en el aburrimiento. Con un ritmo lento, pero inexorable -la trama se desarrolla en poco menos de un par de días- somos testigos de las peripecias y miserias que sufre Sam Bell a lo largo de todo el metraje, y nos sentimos plenamente identificados con un currito como él, como nosotros, un tipo explotado por sus superiores que analizan la situación en base a los gastos provocados por tal o cual factor y basan sus decisiones sobre un asunto en aquello que provocará menor coste a la compañía. El segundo factor que quiero destacar es el tono empleado para narrarnos el periplo de Sam Bell. Alejándose de modelos previos con los que presenta algunas similitudes -como 2001, Atmósfera Cero o Alien- y evitando casi por completo clichés del cine de género más orientados a la acción o al terror, Jones y Parker nos presentan una historia de decisiones personales, de añoranzas y anhelos que, aún incluso en el filo del precipicio encuentra una salida para sus actores, una opción de humanidad escogida en el peor trance posible. En este sentido, Moon es una película hondamente humanista y optimista en su planteamiento y resolución, algo que servidor agradece en tiempos más propicios para el nihilismo o el exhibicionismo de fuegos artificiales.


A todo lo anterior tenemos que sumar la prodigiosa interpretación de sus actores principales. Por un lado tenemos a Sam Rockwell como el trabajador cosmonauta Bell, uno de los tipos más interesantes que pululan por la industria a día de hoy, capaz de dignificar con su desvergonzada presencia bodrios infumables de la categoría de Los Ángeles de Charlie o echarse encima el peso dramático de toda una película como en el caso de las interesantes Confesiones de una mente peligrosa, Asfixia o esta Moon en la que da un recital de interpretación sin excesos ni histrionismos. La voz calma y atonal de Kevin Spacey da vida al otro gran personaje de la película, Gertie, cuyas palabras sirven de hilo conductor a la trama y que están ilustradas por oportunos emoticonos que confieren emoción y trascendencia a las frías palabras de la computadora. Por desgracia, para disfrutar de esto último tendremos que esperar a la edición en dvd y disfrutar de la versión original de una película que merece no uno, sino varios visionados.


Con un estreno reducido en nuestro país, frente a los cientos de copias de, pongamos G-Force en la que Rockwell también participa, Moon ha sido una de las sorpresas cinematográficas de la temporada, acreedora de críticas positivas por doquier y premiada en el reciente festival de Sitges con los premios a mejor película, actor, guión y diseño de producción. Todos estos aspectos han sido ya comentados previamente, pero no quiero dejar de citar la excepcional labor del compositor Clint Mansell, habitual de Darren Aronofsky y autor de la melodía de Requiem por un sueño, empleada en decenas de trailers que quieran transmitir el agobia y la desesperanza que la tonada transmite. En Moon encontramos a un Clint Mansell minimalista, tranquilo, que juega con las melodías de una nana o que refleja la melancolía del personaje cada vez que examina sus recuerdos, ofreciendo el contrapunto perfecto para una historia humana y humanista que, según todos los inicios, será la primera parte de una trilogía lunar que Jones tiene planeado realizar. Difícil tarea será la de superar la calidad lograda con este debut cinematográfico, aunque vistas las muestras de talento y sensibilidad no creo que sea tarea imposible.